John F. Peto

John F. Peto
Cuadro de John F. Peto (detalle)

martes, 13 de junio de 2017

LIBROS Y FERIAS



En castellano, el término "feria" tiene un doble sentido. Por un lado, es un lugar donde se exponen productos para vender, generalmente en un día o días señalados; se emplea para mercados de todo tipo, desde ferias de ganado a ferias tecnológicas. Por otro, remite a un evento más festivo. Como dice el diccionario de la RAE, una feria es también un "Conjunto de instalaciones recreativas, como carruseles, circos, casetas de tiro al blanco, etc., y de puestos de venta de dulces y de chucherías, que, con ocasión de determinadas fiestas, se montan en las poblaciones". Algunas veces, las ferias tienen un poco de ambas cosas: los avispados negociantes aprovechan la afluencia de público para ofrecer diversiones, comida y bebida, además de las mercancías que son el objetivo del evento. Por lo que se refiere a los libros, Ferias del Libro hay muchas, repartidas por toda nuestra geografía. En general, se llevan a cabo aprovechando la llegada del buen tiempo, que permite poner tenderetes al aire libre, en lugares de paseo donde la gente, además de tomar el fresco o sentarse en un chiringuito a beber unas cañas, puede detenerse a hojear los libros allí expuestos y, quién sabe, incluso comprarlos.  Por su tamaño y su variedad, la Feria del Libro de Madrid es una de las más notables y representativas, además de una de las más antiguas, ya ha superado los tres cuartos de siglo de existencia. Y por estar ubicada en el Retiro, claro, un lugar maravilloso donde siempre apetece perderse un rato.


Así lucía la Feria del Libro en 1933

En Barcelona, Sant Jordi es un día multitudinario y lleno de vitalidad, donde los libros, lejos de quedarse en un territorio delimitado, invaden todo el centro de la ciudad. Y el público, ese día, deja sus tranquilos barrios para callejear por ese núcleo, donde pronto no cabe un alfiler (si han intentado un 23 de abril bajar por las Ramblas, sabrán lo que es eso). Sin embargo, los tenderetes de Sant Jordi, en su mayoría, tienen todos los mismos libros: el último bestseller, el último engendro de un presentador de televisión o de un político (que ellos no han escrito, por supuesto). Como ese día todo aquel que no pisa una librería en su vida acude al reclamo de la tradición y se siente obligado a adquirir un libro -sin más criterio que "lo que suena"-, los libreros intentan captar a este público tan heterogéneo. "Lo que suena", "lo que se lleva" acaba dominando la selección. La Feria de Madrid, en cambio, tiene varias ventajas. No hay rosas, de acuerdo. (En cierto modo, menos mal, porque el calor de los junios madrileños no les sentaría demasiado bien.) Pero hay casetas de librerías, de editoriales, de distribuidoras. Incluso de organismos de esos que, en la vida cotidiana, uno sabe que existen, pero no se topa nunca con ellos. Como el Boletín Oficial del Estado, o el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (por cierto, no dejen de visitar la caseta de este último: hay verdaderos tesoros, que raramente se encuentran en librerías convencionales). Además -y en eso es casi el reverso de Sant Jordi- los editores aprovechan para traer su fondo. Si llevas todo el año buscando un libro de un pequeño editor que distribuye poco y mal, aquí es el lugar y el momento para encontrarlo. Mucha gente aparece en la Feria con un papel arrugado donde tiene esa lista de libros esquivos que espera hallar por fin. Y aún hay más y mejor: te atenderá personal experto, libreros o editores que conocen a fondo lo que publican, con quienes se puede hablar alegremente de si el último libro de tal autor es mejor que el primero, o pedirles consejo sobre un autor finlandés del que nada sabes, pero cuyo nombre te suena tan bien. No sólo es posible deambular, hojear, leer los textos de contra, pasar de una caseta dedicada al esoterismo a otra especializada en literatura militar o en novelas del XIX, sino que -a menudo- tienes ocasión de conocer a los editores que, el resto del año, están sentados en sus despachos, pero que no quieren perderse esta cita primaveral con sus lectores. También hay, no podía faltar, una nutrida representación de autores, firmando o intentando que les pidan una firmita. Ocasión perfecta para comprobar que los escritores son de carne y hueso, e incluso a veces simpáticos. ¿Puede algún bibliómano resistirse a tantos atractivos juntos? No, rotundamente, no.


En la Feria, tras el mostrador

Este año, esta bloguera ha tenido el honor de estar, por una vez, al otro lado del mostrador, firmando y departiendo con sus lectores. ¡Una experiencia memorable! Mi agradecimiento a mi editor, que se prestó a organizarlo, y a la Librería Pasajes, que me acogió una tarde. La Feria de Madrid ya acabó, pero vuelve el año próximo. Mientras, tenemos las librerías. Para los lectores, comprar libros es una actividad de todo el año.


La caseta de Trama Editorial, con El síndrome del lector bien visible




2 comentarios:

  1. Qué pena no haber coincidido, Elena, me hubiese encantado pasar a conocerte en persona y que me firmaras tu libro. Aunque seguro que encontramos pronto una nueva ocasión. Me alegra mucho de que hayas disfrutado "del otro lado del mostrador", es una experiencia muy bonita. Un beso.

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    1. Pues sí, Mónica, lástima que no nos hayamos visto. A ver si para la próxima lo organizamos mejor :).

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