John F. Peto

John F. Peto
Cuadro de John F. Peto (detalle)

martes, 14 de marzo de 2017

RECUERDOS DE LECTURA


"Ah, sí, ese libro ya lo he leído. Fue en..." Y comienza el viaje en el tiempo, torbellino de imágenes y de momentos. Dicen que lo importante de un libro es su contenido, pero si pretendemos evocar lo leído es imposible desvincularlo del cuándo, el dónde y el cómo. Proust, que era un maestro en esto de hacer memoria, tiene un bello volumen, Sobre la lectura, que retrata magistralmente el fenómeno:

"Quizá no hubo días en nuestra infancia más plenamente vividos que aquellos que creímos dejar sin vivirlos, aquellos que pasamos con un libro favorito. Todo lo que, al parecer, los llenaba para los demás, y que rechazábamos como si fuera un vulgar obstáculo ante un placer divino: el juego al que un amigo venia a invitarnos en el pasaje más interesante, la abeja o el rayo de sol molestos que nos forzaban a levantar los ojos de la página o a cambiar de sitio, la merienda que nos habían obligado a llevar y que dejábamos a nuestro lado sobre el banco, sin tocarla siquiera, mientras que, por encima de nuestra cabeza, el sol iba perdiendo fuerza en el cielo azul, la cena a la que teníamos que llegar a tiempo y durante la cual no pensábamos más que en subir a terminar, sin perder un minuto, el capítulo interrumpido; todo esto, de lo que la lectura hubiera debido impedirnos percibir otra cosa que su importunidad, dejaba por el contrario en nosotros un recuerdo tan agradable (mucho más precioso para nosotros, que aquello que leíamos entonces con tanta devoción), que, si llegáramos ahora a hojear aquellos libros de antaño, serían para nosotros como los únicos almanaques que hubiéramos conservado de un tiempo pasado, con la esperanza de ver reflejados en sus páginas lugares y estanques que han dejado de existir hace tiempo."



Los que no somos Proust, y carecemos de esa extraordinaria capacidad para evocar memorias, ¿cómo recordamos nuestras lecturas? De ciertos libros, resulta que lo he olvidado todo: sin duda no eran memorables, o no lo fueron para mí.  De otros, me resulta difícil recordar el título, y sin embargo mantengo fresco en la memoria tal o cual personaje. A veces, sé muy bien cómo era el volumen en cuestión -"una cubierta verdosa", "un libro en tapa dura", "papel amarillento"-, pero otros rasgos de lo que narraba se me han difuminado. (Un olvido especialmente grave, pero muy frecuente, cuando se trata de novelas policiacas. Tengo tendencia a olvidar quién era el asesino, lo que tal vez me permitiría volver a leerlas con la misma expectación que la primera vez.)
Los libros que nos han impresionado profundamente suelen permanecer fijados en la memoria. Son los hitos de tu itinerario lector. Otras veces su permanencia no es debida a los méritos del autor, sino a que, justamente, lo leíste en un momento muy especial. Porque fue tu lectura de cabecera durante aquel viaje tan maravilloso, porque lo llevabas en la mano el día que conociste a X, porque lo tenías a medias cuando te dieron esa mala noticia (y nunca llegaste a terminarlo, era demasiado doloroso)...
Si los seres humanos como especie somos memoria -tal vez es precisamente la memoria lo que nos hace humanos-, la identidad de los lectores está inextricablemente unida a los miles de argumentos, de personajes, de imágenes, de tipografías, al tacto de las cubiertas y el olor de las páginas, a la luz que caía sobre ellas, a los sonidos que te rodeaban -los tañidos de las campanas de que evoca Proust en su libro-, al sillón que te cobijó o a la mano que te arrancó de tu ensueño lector. Vida y lectura, inseparables.

8 comentarios:

  1. ¿Y no te pasa, en cambio, que ahora lees y lees libros que apenas dejan huella? Imagino que tiene que ver con la manera en que evoluciona el aprendizaje humano -y el cerebro- con los años, pero es como si a partir de cierta edad estuviéramos abocados al diario de lecturas.

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    1. Pues sí. A veces estoy tentada de decir: "Ya no se hacen libros como los de antes", ja, ja... Pero sin duda se debe a que cuando somos jóvenes todo es nuevo para nosotros y somos mas impresionables. Con la edad, la mayoría de las cosas suenan a déjà vu.

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  2. Como a otros muchos lectores, tengo serios problemas de espacio con tanto libro. Así que me decidí a desprenderme de unos cuantos. De todos ellos, había uno que no me gustó nada, me pareció muy malo y desde luego no iba a volver a releerlo. El libro perfecto para quitar para siempre de mi estantería. Y sin embargo, no he podido hacerlo. Me lo impide el recuerdo que tengo asociado a ese libro porque lo leí en un momento especial de mi vida. Y ahí lo conservo, un libro infumable pero que siempre tendré en mi estante.
    ¡Un abrazo!

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    1. Te entiendo perfectamente. Yo también guardo algun libro del que debería desprenderme, pero al que le tengo apego por motivos del todo extraliterarios. Hay cosas que el libro electrónico no podrá sustituir nunca.

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  3. La memoria es muy curiosa. A veces pienso en libros que me parecieron extraordinarios y no recuerdo ningún detalle más allá de su trama general. Luego releo algunos y los detalles vienen un segundo antes de leerlos, pero con otros es como si fuera la primera lectura.
    Un abrazo.

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    1. A mí me ha sucedido volver a comprar un libro porque ni el título ni el texto de solapa me resultaban conocidos, para advertir solo al cabo de unas páginas que ya lo había leído...

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  4. Una entrada muy buena.
    En parte mi blog se ha convertido en mi memoria lectora.
    Un abrazo

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    1. Gracias. Servirnos de rastro es una de las muchas utilidades de los blogs.

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