John F. Peto

John F. Peto
Cuadro de John F. Peto (detalle)

domingo, 15 de enero de 2012

EXPERIENCIAS LECTORAS


Leer nos abre las puertas a infinidad de mundos que no son el nuestro y nos permite vivir -por persona interpuesta- aventuras que probablemente nunca estarán a nuestro alcance. Amplía nuestros horizontes, educa nuestra sensibilidad, nos enriquece como personas. Pero la lectura, la experiencia lectora, no consiste sólo en lo que descubrimos en las páginas de los libros, ni en las imágenes que se van formando en nuestra mente a medida que vamos descifrando esos símbolos convencionales que llamamos escritura. Además del libro que leemos en un momento dado, e inseparable de él, está el entorno en que lo leemos, el momento de nuestra vida en que accedemos a su contenido, incluso la estación del año en que devoramos esa novela, o el olor peculiar de la habitación en que lo hicimos. Todo un universo de estímulos -sensoriales, emocionales- que forman parte inextricable de la experiencia lectora. Y que nos acompañarán de por vida -al menos en el caso de aquellas lecturas que han resultado memorables-, de modo que cada libro evocará no sólo la historia en él contenida, sino las circunstancias que rodearon su lectura e incluso a la persona que éramos cuando lo leímos. Para mí, los primeros Tintines van asociados a mi cama de niña y al sarampión que fue el motivo de que me los regalasen, mientras que las aventuras de Guillermo Brown evocan las naranjas -mucho más aromáticas y jugosas en mi recuerdo que las que puedo comer ahora- que solía tomar mientras las leía (me temo que sus páginas acabaron mostrando indelebles churretones de jugo amarillento). La Historia de la decadencia y caída del Imperio Romano, por su parte, tiene en mi mente el color del sofá azul donde lo leí, y la languidez de unos días en que la universidad estaba en huelga y no había exámenes que preparar; La hoguera de las vanidades es el sol entrando por la ventana y el olor a hospital de la habitación donde nació mi hijo y Un buen partido evoca un caluroso verano en el campo y las esquilas de las ovejas que cada tarde pasaban por delante del jardín para ir a recogerse a su aprisco.  Así, la mención casual de un libro casi olvidado puede convertirse en un auténtico viaje en el tiempo. Sin duda, cada lector podría reconstruir su biografía a través de las lecturas que le han acompañado a lo largo de la vida. Y es que leer es mucho más que entrar en las historias ajenas, la experiencia lectora colabora a construir nuestra propia historia.

17 comentarios:

  1. Es cierto Elena, totalmente de acuerdo. Los libros siempre nos traen recuerdos diversos del momento en que fueron leídos. Estoy convencida además que cada libro tiene su momento para ser leído... y no siempre acertamos con ese momento. Yo me dejo llevar por la intuición, por eso digo siempre que los libros me encuentran a mi, no yo a ellos.

    Un abrazo!!

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  2. Efectivamente, los libros, las historias que se contienen en ellos nos trasladan a sus escenarios, pero cuando un libro, su lectura, la realizamos en lugares, situaciones o momentos especiales, trasciende mucho más. Personalmente tengo algunos ejemplos como los que has incluido en tu post (recuerdo con muchísimo cariño tardes tórridas y noches bajo el embozo de la cama leyendo los "tintines") pero por encima de todas esas experiencias siempre sitúo una: la lectura de "Los Santos Inocentes" de Delibes, a la sombra de una encina en la misma dehesa extremeña!

    (esa experiencia única es lo único positivo de la dichosa "mili")

    Un saludo y enhorabuena por el blog.

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  3. Cualquier lector secundará tus recuerdos...es curioso cómo se construyen recuerdos y recuerdos de lecturas vinculados a recuerdos en torno a los libros. Leer a Los Hollister, a Los Cinco, El extranjero, traen recuerdos de veranos. Leer Armadale o Cumbres Borrascosas trae el olor del invierno.

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  4. Comparto absolutamente tus comentarios. Rememorando me vienen a la mente imágenes, sensanciones, e incluso sabores(tengo muy presente las novelas de los cinco que disfruté en verano comiendo helados). Saludos

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  5. Y además, en mi experiencia es muy difícil llegar a "provocar" esos momentos. Tiene que ocurrir por si solos. Me explico: por ejemplo de nada me sirvió llevarme a Florencia el volumen de "una habitación con vistas" o "El proceso" a Praga, para tratar de que la lectura en esa ciudad (en los cafés frente al cementerio judío de Praga) quedara asociada a la ciudad y potenciara la experiencia mutua de lectura y viaje. Nada como el momento del descubrimiento inesperado o el disfrute del placer largamente esperado. Hay que ser lector empedernido para entende esa "teofanía" a que te refieres. Hay libros que cuando los menciono me viene de golpe a la memoria el momento en que los compré, la librería en que fue, donde los lei y como me sentí. La relectura de los mismo me produce placer casi siempre, "pero no es lo mismo". Es un momento mágico entre el libro (y su autor/a) y yo. Por cierto, yo los "Tintines me traen recuerdos de la biblioteca del colegio de los maristas cuando renunciaba al recreo tras el comedor para ir a leerlos y releerlos, releerlos, releerlos... Casi lo unico que recuerdo del colegio es esa biblioteca y la escalera bajo la cual se ubicaba.

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  6. Laura: coincido en esto, hay momentos para cada libro, y no siempre se acierta con ellos.

    José: bienvenido al blog, espero verte por aquí a menudo. ¡Al menos sacaste algo bueno de la mili! Y la dehesa extremeña es desde luego el lugar idóneo para leer ese libro.

    Samedimanche: libros de vernao y de invierno, no había pensado en eso, pero sí, es verdad.

    Pilar: es curioso, pero no suele funcionar al revés, es decir, los libros nos evocan sabores o situaciones, pero los sabores no nos evocan a los libros.

    Oscar: me ha gustado el término "teofanía", lo usaré. Y describe perfectamente esa sensación.

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  7. Algunos libros no han llegado en el momento adecuado y no los he disfrutado pero sé que se merecen una relectura en condiciones. Y cuando ésta, se produce en el momento adecuado, estallan fuegos artificiales, exactamente como si fuera la primera vez.
    No solo soy capaz de asociar ciertos lugares a lecturas: el suelo del comedor de mis abuelos a las primeras lecturas de Astérix, El Señor de los Anillos a la gélida biblioteca de mi instituto en invierno (Gandalf para mí es casi como Santa Claus, incluso más), Jane Eyre con noches con cortes de electricidad y leyendo con velas y linterna... sino también hago asociaciones musicales un tanto peculiares: cuando releo Persuasión soy incapaz de no pensar en ABBA. Lecturas muy íntimas... me han entrado ganas de hablar sobre estas asociaciones en el blog. Gracias.

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  8. Es aquello de Proust, no? Asociamos recuerdos de las formas más curiosas, a mi por ejemplo me extraña, cada vez que abro uno, no ver los Tintines totalmente pintarrajeados de colores que es como me los leí pues eran una los ejemplares de mis tías. Geniales los recuerdos que cuentas, me han hecho recordar algunos de los míos.

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  9. Elena, preciosa entrada. ¡Yo también descubrí a Tintin estando enfermito en casa! Y "Don Quijote" leído una Semana Santa en una casa de la playa que alquiló mi madre. Recuerdo llorar al terminarlo, y luego ir a darme un baño (¡el agua estaba helada!) para animarme. Y "Flash Gordon" en el parque, y ...ahora mismo terminé el nuevo de Pérez Andújar yendo en tren hacia Barcelona. Un saludo.

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  10. Es verdad eso de que los distintos “imputs” que recibimos mientras leemos se quedan muchas veces asociados, como atados, inseparables: un libro, la música que sonaba, el sitio donde estabas, aquel sol tan grato filtrado por unos visillos … Me pasa, por ejemplo, con mi primera lectura de EL SEÑOR DE LOS ANILLOS, hace ya un montón de años.

    xG

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  11. Pasé el sarampión leyendo Robinson Crusoe, y me pareció alucinante lo que ese hombre organizaba. Recuerdo que en un verano que pasamos en Fuengirola, a mis catorce años me leí "El tambor de hojalata" y "La conjura de los necios", dos libros muy dispares, pero que asocio con una tumbona alquilada, rodeada de mucha gente, con mucho calor y mucha arena. Desde luego, mi infancia siempre será de los cinco, los siete, Esther y su mundo, Tintín, Astérix, Guillermo, Mortadelo, Zipi y Zape...

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  12. Creo que no me he explicado bien, me referia precisamente a que los libros me evocaban sabores. Saludos

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  13. Y si del libro en cuestión, aparte de lo que te evoque, salen papelillos aparentemente poco importantes dl momento ya es genial. Me encanta encontrar tickets y demás en libros leídos. De repente la hsitoria del libro y tu propia historia se entremezclan.

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  14. Me han encantado vuestras evocaciones librescas. ¡Gracias a todos por compartirlas!

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  15. Cómo me has recordado aquel enfriamiento que hizo llegar a mis manos "El principito" mientras guardaba cama, o la colección de Celia que me prestaba la hermana mayor de una amiga pero tenía que leerlos en su casa, porque no me los dejaban llevar a la mía. Más recientemente, El misterio de la casa Aranda va inseparablemente unido a una reciente operación de mi marido y a las largas horas de hospital. Ciertamente el entorno o las circunstancias en que leemos aportan un algo más a las lecturas.
    Saludos.

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  16. Inmaculada, gracias por aportar tus experiencias. Como ves, los libros no sólo son valiosos por su contenido, también por lo que significa el acto de leer.

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  17. si la lectura es impredecible para darle sabiduria y refrescar nuestra alma

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